Belkola es una marca

Entrevista realizada por El Diario Libre (Republica Dominicana) 2007

En su taller-despacho-empresa-rincón creativo… se respira paz. Y no sólo porque un deje a incienso se sienta desde las escaleras. La pefecta simetría de unos cuadros escogidos y de calidad. Los sofás en blanco. La música clásica a volumen discreto. Unas piedras negras “descuidadamente” colocadas en la mesita central. Se sienten las ganas de hacer las cosas bien y la necesidad de armonía que esta joven de pelo ensortijado reconoce necesitar: “soy muy energética, muy soñadora, muy volátil. Necesito geometría, armonía y paz en mi entorno, quizá para lograr el equilibrio”.

El arte que cuelga en las paredes es una primera pista de que aquí se entiende de estética y se improvisa poco. “Es cierto”, resume Belkis- “aspiro a que cuando llegue a los cuarenta, tenga una verdadera colección de arte. Ir reuniendo poco a poco obras que me interesan y me gustan. Tengo amigos artistas y siempre he querido que mi lugar de trabajo parezca una pequeña galería”.

Formada en el instituto de Mercy Jáquez y en Chavón, Belkis valora la formación de manera rotunda: “creo que en este medio hay un exceso de autodidactas. Se puede tener imaginación y gusto para diseñar, pero hay que conocer el oficio. Hay diseños que, a simple vista, delatan falta de conocimiento, de preparación. Aunque estéticamente funcionen, estructuralmente tienen una falla, que particularmente a mí, me salta a la vista”.

Digamos que algunos la ven como la punta de lanza de una nueva generación de diseñadores. ¿Siente que es el relevo?

Creo que hay mucha gente joven haciendo muchas cosas interesantes. Jóvenes diseñadores muy abiertos a otras tendencias internacionales. No sé si se nos puede llamar “relevo”.

Este debe ser uno de los pocos países donde nunca se perdió el oficio, la costumbre de coserse a medida. Hemos pasado de las modistas de barrio a los diseñadores como los entendemos ahora…

Muy cierto. !Es un lujo! Aquí una mujer puede hacerse un diseño exclusivo para una fiesta. No conozco otro país donde esto sea posible. El hecho es que los costos lo permiten y la mujer dominicana, que es muy presumida, ha mantenido la tradición. Nunca ha dejado de coserse a la medida. Es un lujo, no hay otra forma de llamarlo.

Para muchos diseñadores dominicanos el problema no ha sido la creatividad o el oficio, sino la concreción en un proyecto empresarial. ¿Tiene las cosas claras?

Sí. De hecho voy a ampliar el taller para tener una producción suficiente porque mi próximo proyecto es abrir una tienda propia. Más adelante… exportar. En realidad veo más interesante y posible exportar accesorios que mi línea de ropa.

Llega a la capital en 2004 y en 2006 triunfa en DominicanaModa. ¿Demasiado rápido?

En cierto modo, ha sido muy natural. Yo hago una moda que gusta a un tipo, a un grupo de mujeres con las que conecté enseguida. No ha sido un proceso forzado o traumático. Ha fluido… yo vivo en cierta manera en mi propio mundo, y no sé cuánto “debería” haberme costado estar donde estoy ahora.

¿Dónde se ve en cinco años?

En Europa. Puede ser sólo un sueño. Pero para los que amamos la moda, la meta es Europa.

Dice un “tipo de mujeres”. ¿Cómo son?

La gente cree que visto a chicas muy jóvenes, de 18 años, pero en realidad el grueso de mi clientela tiene entre 24 y 35 años. Son mujeres quizá en contacto con una vida artística, o relacionadas con el diseño, con el mundo urbano…

Belkis no encuentra una explicación clara a su gusto por las cremalleras, los herretes, los corchetes… quizá surjan de su afición confesa a ferreterías, mercerías, almacenes, pulgas y depósitos de cachivaches en general. Sea cual fuere la razón, el recurso le ha funcionado. Ha sido la suya una de las propuestas más brillantes y sorprendentes del panorama dominicano de los últimos años. Esta seguidora de Dolce Gabbana y Alexander McQueen tiene poco que buscar, sino hablamos de sentimientos, en su San Pedro de Macorís natal, donde desde muy joven supo que lo suyo en el diseño de moda. A él llega filtrada su formación por la disciplina, orden y método de una educación en un colegio de monjas.

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